JAIME GUTIÉRREZ MÉDICO 08:13 A.M. 06/05/2010
En su discurso en la inauguración del TEDx Pura Vida, nuestro Presidente se autocalificó nerd y habló de sus sueños. De América Latina como tierra de “prodigios y contradicciones” y sobre el gasto militar latinoamericano. Si se reduce ese gasto, dijo, se podrían dedicar más fondos a la ciencia, a la educación, a la salud. Cifró la esperanza de que por la bondad y el coraje del corazón humano se hará realidad la frase gastada de que “viviremos para siempre en paz”.
Como lo fue don Pepe, don Óscar es un soñador. Cerca del final de sus días don Pepe llegó a aceptar que “la búsqueda de la felicidad” la definía el ser humano y que esa aspiración era mejor que “el bienestar del mayor número” definido por el Estado grande del socialismo.
A pesar de eso, se consideró un socialista utópico hasta el final. Creo que nuestro Presidente se considerará un soñador pacifista hasta el final. Ambos, costarricenses. No practicaron el arte de no ser nada. Gente sólida que representaron algo. Y, por lo tanto, respetables y admirables.
Pero criaturas menos nobles como este nerd, y lo digo con sinceridad, nos vemos forzados, por profesión, por la vida, por lo que sea, a vivir con los pies en el suelo. Por desventura nuestra, quizás, nos hemos condicionado a ver la vida como creemos que es y no como otros quieren que sea.
La vida es violenta. Y hay que defenderse para sobrevivir y protegerse de quienes quieren hacernos daño. Pero también de quienes quieren engañarnos, como los burócratas de Naciones Unidas, que nos imponen falsas ideas: Que la defensa es un derecho y no, como lo define la vida, un deber biológico. Que no importa desarmar inocentes y envalentonar a sus verdugos, como hicieron en Srebrenica. Que en este mundo violento la fuerza es intrínsecamente mala aunque fue la fuerza la que terminó con el nazismo de Hitler y el totalitarismo marxista de Stalin.
Yo también creo en la nobleza de las metas en que don Óscar sueña para el ser humano. El problema es que los fundamentalistas islámicos no creen en ellas. Ni los narcotraficantes tampoco, ni las maras.
Además, estoy seguro, por la experiencia de la historia, que ninguno de estos maleantes son amenos al convencimiento, a la razón, a la súplica; ni siquiera a la disuasión. Tienen que ser derrotados. Y lo único que puede lograr esta finalidad es la fuerza en manos de gobernantes electos democráticamente por sus pueblos con el aval de congresos y jueces. La historia me ha enseñado que la paz duradera no existe. Para los creyentes como yo, esta solo llegará cuando venga Tu Reino porque el mundo lo maneja el Diablo que lucha contra el bien y no oye súplicas y solo respeta la fuerza.
¿Cómo se hace para que al-Qaeda no mate familias celebrando un matrimonio? ¿Sería Colombia un mejor país si disolviera su ejército y dejara su país en manos de las narcoguerrillas marxistas-leninistas? Si la Policía demostró que no pudo, ¿de que otra forma podía Chile haber terminado con los saqueos? La terrible violencia en El Salvador no pudo ser controlada por la Policía, ¿Qué alternativa había para que el ejército tratara de controlarla? ¿La mano blanca? En México, la Policía tampoco pudo. Además, decidió tarde enfrentarse con su ejército a los carteles de la droga. Si hubieran actuado antes, habría sido menos cruenta la lucha.
México no aprendió lo que convirtió a Colombia en un Estado fracasado. En 1954, don Pepe le imploró al presidente Lleras de Colombia, “pónganle fin a la violencia con la fuerza ya, porque la anarquía se les va a convertir en una cultura”.
La poderosa mafia mexicana de las drogas se está reubicando en nuestros países. La ruta entre Sierpe y Paquera es un inicio. Luego podrá ser Golfito. Y si algún día el narcotráfico controla la península de Osa, ¿cómo lo sacamos? El ejército de Colombia no ha podido recuperar su integridad territorial. Costa Rica necesita restablecer la Policía militar que existió hasta hace poco. Pero ya. La historia prueba que es mejor actuar antes y no después.